Imagínate el domingo 29 de noviembre por la mañana. Te levantas, coges el DNI, bajas al colegio electoral, haces la cola, saludas a dos vecinos, metes el sobre en la urna y vuelves a casa con esa pequeña satisfacción tonta de haber cumplido. Pues bien: en las últimas elecciones generales, 1.907.361 personas hicieron exactamente eso y no eligieron absolutamente a nadie. El 7,79 % de los votos del país. Y en algunos sitios la proporción es para sentarse: en Ceuta, el 60,3 % de los votos se quedó sin representación; en Melilla, el 49,78 %. Seis de cada diez ceutíes votaron para nada. No por un pucherazo ni por una trampa, sino por una fórmula matemática que publicó en 1878 un jurista belga llamado Victor D’Hondt y que seguimos usando tal cual. Vamos a entenderla, que se tarda cinco minutos y no hace falta saber matemáticas.
Un caso real. El 10 de noviembre de 2019, la provincia de Teruel repartía tres escaños. Teruel Existe sacó 19.761 votos; el PSOE, 18.934; el PP, 17.520. El sistema funciona así: se coge el número de votos de cada partido y se divide entre uno, entre dos, entre tres… y los escaños se reparten entre los resultados más altos de toda esa lista. En Teruel, como solo había tres asientos, los tres números más altos fueron directamente los votos de cada uno sin dividir: 19.761, 18.934 y 17.520. Un escaño para cada uno. Es decir, allí un diputado costó menos de veinte mil votos, el aforo de un partido de baloncesto. Y ahora lo importante: si una cuarta lista hubiera sacado 17.000 votos, se habría quedado fuera por quinientos, y esos diecisiete mil votos no habrían ido a parar a nadie. Se habrían evaporado. En este sistema, el voto que no alcanza no se guarda, no se suma a otro y no cuenta. Desaparece.
Vamos ahora con la cuenta más fácil del mundo, con números inventados, porque es la única manera de ver el truco funcionando. Imagina una provincia con cuatro escaños donde el partido A saca 44.000 votos, el B 31.000, el C 15.000 y el D 10.000. Divides los votos de cada uno entre uno y entre dos, y te salen estos números: A tiene 44.000 y 22.000; B tiene 31.000 y 15.500; C tiene 15.000; D tiene 10.000. Los cuatro más altos de toda esa lista son 44.000, 31.000, 22.000 y 15.500. Resultado: A se lleva dos escaños, B se lleva otros dos, y C y D se van a casa de vacío. Repite ahora la misma elección cambiando una sola cosa: C y D se presentan juntos. No han convencido a nadie más, son exactamente los mismos votantes, pero ahora sus papeletas son la misma y suman 25.000. Rehaces la lista y los cuatro números más altos pasan a ser 44.000, 31.000, 25.000 y 22.000. Resultado: el bloque C+D se lleva un escaño que antes no existía, y ese escaño sale de B, que no ha perdido ni un voto ni una coma de su discurso. Ese es todo el misterio: unirse no convence a nadie más, simplemente deja de tirar votos a la basura.
Y aquí viene lo que más cuesta creer, porque esa cuenta no se hace una vez para toda España: se hace por separado en cada provincia. Mira el reparto de este año, que está publicado en el BOE. Ceuta y Melilla eligen un diputado cada una. Soria elige dos. Con tres están Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel y Zamora. Con cuatro, Álava, Albacete, Burgos, Cáceres, León, Lleida, Lugo, Ourense, La Rioja y Salamanca. Con cinco, Badajoz, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Huelva, Jaén, Navarra y Valladolid. En total, veintinueve sitios reparten cinco escaños o menos, mientras Madrid reparte treinta y ocho y Barcelona treinta y dos. ¿Y eso qué significa en la práctica? Que donde hay tres escaños necesitas aproximadamente uno de cada cuatro votos para conseguir algo, y que si no llegas al 3 % de los votos de tu provincia ni siquiera entras en el reparto. O sea que aquí hay ciudadanos de primera y de segunda, y eso no lo decide la Constitución: lo decide el censo. Tu voto pesa mucho más en Soria que en Barcelona, aunque pienses exactamente lo mismo. Así está montado desde 1977.
De ahí sale que, en 2023, de los cincuenta y nueve partidos que se presentaron, cuarenta y ocho no consiguieran ni un solo escaño. Y de ahí sale también el ejemplo más brutal que ha dado este sistema, que es de 2015: Izquierda Unida obtuvo 923.105 votos y dos escaños; el PNV obtuvo 301.585 y seis. Tres veces menos votos y el triple de representación. Y atención, porque IU no estaba dividida: estaba repartida, con unos pocos miles de votos en cada provincia y en ninguna le llegaban. Lo mismo, pero en caída libre, le ocurrió a Ciudadanos en 2019: en abril sacó el 15,86 % de los votos y 57 escaños; en noviembre, el 6,79 % y 10. Perdió la mitad de sus votos y el 82 % de sus asientos, porque cuando te quedas rozando el mínimo en veinte provincias a la vez no pierdes veinte escaños: pierdes cuarenta y siete.
De todo esto sale la conclusión que estos días repite medio país: unirse suma. Y es verdad, pero solo a medias, y la otra mitad conviene conocerla. En diciembre de 2015, Podemos e Izquierda Unida se presentaron por separado y sumaron 71 escaños. En junio de 2016 se presentaron juntos, en coalición y con todos los focos encima, y obtuvieron… 71 escaños. Los mismos. Y además con más de un millón de votos menos. Así que la aritmética castiga al que se divide, pero no premia automáticamente al que se junta, porque los votantes no vienen dentro del paquete: son personas con criterio que, cuando ven una coalición que no les convence, se quedan tranquilamente en casa. Que es, dicho sea de paso, la mejor noticia de todo este asunto.
Así que vuelve a ese domingo 29 por la mañana, al DNI, a la cola y al sobre. Tu voto se va a contar, eso seguro: aparecerá en el escrutinio, engordará el porcentaje de participación que todos celebrarán esa noche y saldrá en el gráfico de la tele. Lo que quizá no haga es elegir a nadie, y eso depende menos de lo que pienses que de cuántos escaños reparta la provincia donde te tocó nacer o alquilar. No te lo cuento para que no vayas —ve, y que te acompañen—, sino porque llevamos cincuenta años pidiéndole a la gente que madrugue para votar sin explicarle cómo se cuenta lo que vota. Si te apetece hacer una sola cosa con todo esto antes del 29 de noviembre, que sea mirar cuántos escaños reparte tu provincia: está en el BOE y se tarda un minuto. No te dirá a quién votar, faltaría más. Pero sabrás en qué partida estás jugando, que es bastante más de lo que sabe casi todo el mundo cuando mete el sobre.
Raquel Puerta Nevot es técnica de Organización, escritora y formadora. Cuenta con casi tres décadas de experiencia profesional en Elecnor, vinculada a la gestión, coordinación y desarrollo de proyectos en el sector de las telecomunicaciones. Es autora de tres libros y, desde 2023, ha publicado más de 150 artículos en Minuto Crucial sobre actualidad, sociedad, cultura y política internacional. Fundadora de Bioneurosalud e impulsora de Awareness Max, combina su experiencia empresarial y tecnológica con la docencia, la divulgación y el desarrollo de proyectos centrados en las capacidades humanas. Su escritura se caracteriza por una mirada crítica, multidisciplinar e independiente.
