Tras varias semanas de ausencia, Sara vuelve a estar al habla con vosotros para opinar sobre una película que se encuentra de plena actualidad: La bola negra. La película, dirigida por «Los Javis», como bien sabéis, está siendo todo un éxito de taquilla, además de aspirar a convertirse en una de las películas de habla no inglesa nominadas a los premios Óscar. ¡Un puntazo, la verdad! Aunque, a continuación, queridos lectores de Minuto Crucial, llega mi nota discordante sobre la película.
No, no me gustó en absoluto. Nada de nada. Llegué incluso a salir de la sala donde se proyectaba la película cuando aún faltaban unos cuarenta minutos para que terminara. ¿El motivo? Me estaba aburriendo a niveles desorbitados y, además, no estaba entendiendo gran cosa. ¿No se supone que la película se basa en la represión y la persecución que sufrió el colectivo LGTBIQ+ en el pasado? Porque, salvo en la historia ambientada en el presente, en la que el protagonista es claramente homosexual —algo que no considero un problema de ningún tipo, gracias al cielo—, en el resto de las tramas no queda nada claro que los demás protagonistas también lo sean.
La película narra la historia de tres generaciones diferentes y sus respectivos problemas, dudas, incertidumbres y búsquedas de respuestas. En definitiva, nos cuenta la historia de La bola negra. Al comienzo, la película presenta un episodio bastante horrible: unos españoles esperan la llegada de los italianos, pero, finalmente, se encuentran con aviones que bombardean y disparan contra todo un pueblo, arrasándolo hasta hacerlo desaparecer del mapa. Todos mueren, salvo uno: el chico de la trompeta. Perdonad que no recuerde los nombres, pero la memoria nunca ha sido mi punto fuerte… Y, desde luego, no consigo conectar esa historia con la trama ambientada en el presente. La segunda, muy parecida.
Sin embargo, al llegar a la tercera historia, que se supone que es «el inicio de todo», los espectadores conocemos a otro de los personajes, que intenta entrar en el casino, un local frecuentado por la élite masculina del lugar. Pero, claro, se vota y gana la opción de las bolas negras, lo que significa que tiene que marcharse. Yo seguía sin entender y aun hoy sigo sin entender qué relación tenía esta historia con las anteriores, y ese desconcierto fue uno de los motivos por los que decidí abandonar la sala antes de que terminara la película.
Que sí, es cierto: el motivo por el que salí del cine descontenta fue que no logré entender del todo los argumentos de la película. Llevar más de la mitad del metraje y seguir sin saber por dónde me da el aire no me parece nada positivo. Por eso, consideré que no merecía la pena quedarme hasta el final. Aunque, pensándolo bien, quizás el problema radicase en que me habían asegurado que La bola negra se centraba en Federico García Lorca… ¡Y nada más lejos de la realidad!
Ojo, que no haya conectado con la historia no significa que la película esté mal hecha. Todo lo contrario: tanto la puesta en escena como las interpretaciones del elenco me parecen de sobresaliente. Y es que una cosa no quita la otra: puedo reconocer el mérito artístico de una película sin que esta consiga conquistarme como espectadora. Al fin y al cabo, como suele decirse, para gustos están los colores y, en mi caso, La bola negra no ha conseguido conquistarme. ¡Y no pasa absolutamente nada!
