Pregúntale a cualquiera cómo se calcula su pensión y te dirá, con bastante seguridad, dos cosas: que le cogerán sus últimos años, que son los mejores, y que si ha cotizado toda la vida cobrará el cien por cien. Las dos están mal. Y no es un matiz de letra pequeña: entre lo que la gente cree y lo que dice la ley hay, en muchos casos, varios cientos de euros al mes durante veinte años. Así que, antes de hablar de los 200.000 millones que nos vamos a gastar este año en pensiones —que de eso hablaremos y conviene—, vamos a hacer algo mucho más útil: entender la máquina. Son dos palancas, se explican en cinco minutos y luego cada cual puede hacer la cuenta con su propia vida.
Palanca número uno: qué años te cuentan. No son los últimos cinco, ni los diez mejores, ni los de tu buena época. El método clásico coge los últimos 25 años completos de cotización, los suma y los divide entre 350. Todos. Los buenos y los malos. Y desde este año funciona además un segundo método que irá creciendo: se miran los últimos 304 meses —algo más de veinticinco años—, se descartan solo las dos peores mensualidades y se divide entre 352,33. Y esa ventana seguirá alargándose por fases hasta quedarse, bien entrados los años treinta, en los mejores 27 años de tus últimos 29. La buena noticia, y hay que decirla porque es verdad, es que te calculan la pensión por las dos vías y te dan la que más te favorezca. La mala es la que nadie te cuenta: dentro de ese cálculo caben enteros tus años malos. El paro de 2012. La media jornada. Los tres años que cotizaste por la base mínima porque eras autónoma y no daba para más. Todo eso no se descarta: se promedia.
Palanca número dos: cuántos años necesitas. Aquí es donde se lleva el disgusto casi todo el mundo. Con 15 años cotizados tienes derecho a pensión, sí, pero cobras el 50% de tu base. Con 20 años, el 62,38%. Con 25 años —que a la mayoría le suena a vida laboral completa—, el 73,78%. Con 30 años, el 85,18%. Y para llegar al 100% hacen falta, en 2026, treinta y seis años y seis meses. Desde 2027, treinta y siete. Lee otra vez el de los veinticinco años, que es el que más duele: una persona que ha trabajado un cuarto de siglo cobrará algo menos de tres cuartas partes de lo que le correspondería. Mucha gente dice tranquilamente «yo ya tengo los años». Lo que tiene, en realidad, es el derecho a cobrar una parte.
Y ahora junta las dos palancas y mira a tu alrededor, porque ahí está el problema de verdad. Esta máquina premia una cosa muy concreta: carreras largas, continuas y bien pagadas. Cuarenta años seguidos en la misma empresa subiendo escalones. El problema es que la economía española lleva treinta años fabricando exactamente lo contrario: contratos cortos, paro intermitente, falsos autónomos cotizando por la mínima, excedencias para cuidar a alguien, media jornada que no se elige. Y una cosa que no es menor: esto castiga mucho más a las mujeres, que son quienes acumulan la mayor parte de los parones por cuidados y de las jornadas partidas. No porque la ley las señale —no las señala— sino porque la fórmula premia justo lo que a ellas les han quitado. Es una máquina diseñada para un mercado laboral que dejó de existir, calculando pensiones para el que tenemos.
Con eso en la cabeza, ahora sí: este año España se gastará por primera vez más de 200.000 millones de euros en pensiones, la mayor partida de gasto público del país. Son 9,5 millones de personas cobrando de media 1.371,4 euros al mes, y solo la subida de este año —un 2,8% para que no pierdan poder adquisitivo— explica casi la mitad del aumento. Y aquí llega el dato que lo retrata todo. La AIReF, que es el organismo independiente que vigila las cuentas públicas, evaluó en mayo si ese gasto está bajo control y concluyó que sí: se queda en el 13,0% del PIB de media hasta 2050, por debajo del límite legal del 13,3%. Traducido: de cada euro que produce España, las pensiones no pueden comerse más de trece céntimos y pico, y nos quedamos en trece. Aprobado. Y unas páginas más allá, el mismo informe advierte de que ese aprobado es compatible con que la deuda pública llegue al 123% del PIB en 2050, es decir, con que el país deba más de lo que produce en un año entero trabajando. Aprobamos el examen y suspendemos la asignatura.
Que quede claro, porque este debate se envenena en dos frases: aquí nadie está proponiendo recortar ni una sola pensión. Mil trescientos setenta y un euros de media no es ningún lujo, por debajo de esa media hay millones de personas, y buena parte de esas pensiones no sostienen a un jubilado sino a una casa entera, con el hijo en paro y el nieto que no puede pagar el alquiler. El problema no son ellos. El problema es que hemos elegido un termómetro que siempre da verde: una regla que mide qué porcentaje del PIB nos gastamos, pero no de dónde sale el dinero. Es como estar encantado con tu gasto en restaurantes porque sigue siendo el 13% de tu sueldo, sin mirar que llevas doce años pagándolo con la Visa. Y la prueba de que el termómetro no sirve la da la propia AIReF, que en ese mismo estudio pide reformar la regla. Cuando el árbitro sugiere cambiar el reglamento, no es porque le aburra el partido: es porque el reglamento no mide lo que pasa en el campo.
Así que estas semanas vas a oír mil veces que las pensiones están garantizadas, y es verdad: se van a pagar. Pero ahora ya sabes de qué están hablando, y sabes también que «garantizada» no significa «la que tú te imaginas». Si solo vas a hacer una cosa con todo esto, que sea esta: entra en el simulador oficial de la Seguridad Social y mira tu número. Se tarda diez minutos y es gratis. Puede que te lleves una alegría, y entonces estupendo. Y puede que te lleves un disgusto, que es bastante más probable, pero un disgusto a los cincuenta años todavía se puede gestionar. A los sesenta y siete ya no: a esa edad, el disgusto se llama simplemente tu pensión.
Raquel Puerta Nevot es técnica de Organización, escritora y formadora. Cuenta con casi tres décadas de experiencia profesional en Elecnor, vinculada a la gestión, coordinación y desarrollo de proyectos en el sector de las telecomunicaciones. Es autora de tres libros y, desde 2023, ha publicado más de 150 artículos en Minuto Crucial sobre actualidad, sociedad, cultura y política internacional. Fundadora de Bioneurosalud e impulsora de Awareness Max, combina su experiencia empresarial y tecnológica con la docencia, la divulgación y el desarrollo de proyectos centrados en las capacidades humanas. Su escritura se caracteriza por una mirada crítica, multidisciplinar e independiente.
