EspañaEl agua tiene memoria. Nosotros, no

El agua tiene memoria. Nosotros, no

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El agua siempre firma cuando se va. Deja una raya marrón en la pared, a la altura exacta a la que llegó, como quien marca en el marco de una puerta lo que ha crecido un niño. Hace dos años firmó en miles de casas de Valencia, y la semana pasada volvió a hacerlo: la dana Adam ha dejado al menos cinco fallecidos, la mayoría en la Comunitat Valenciana, cientos de rescates y una frase entre los vecinos que no necesita adornos: «Mucha gente lo ha perdido todo, como en 2024». El jueves se cumplen dos años de la riada que se llevó a más de doscientas treinta personas, y habrá minuto de silencio, y estará bien que lo haya. En este país somos campeones del mundo del minuto de silencio. Lo que se nos da fatal son los otros 525.599 minutos del año.

Porque lo primero que conviene recordar es que esto no nos pilló por sorpresa, por lo menos a los papeles. Según Amnistía Internacional, buena parte de lo que se edificó en los municipios más castigados estaba en zonas que ya figuraban como inundables en 2003. Hace veintitrés años. Estaba dibujado en un mapa oficial, con su leyenda y sus colores, y se construyó igual. En el plano ponía «inundable». En el folleto de la promotora ponía «a diez minutos de Valencia». Y ganó el folleto, como gana siempre, porque un folleto tiene fotos y un plano solo tiene manchas azules que no mira nadie hasta que se ponen a chorrear.

Lo inquietante es que, además, el plano se quedaba corto. Un estudio de la Universitat Politècnica de Catalunya concluyó que la riada de 2024 superó con mucho la zona inundable que preveía la cartografía oficial. Y este mismo mes la propia administración lo ha reconocido por escrito: la primera revisión del plan de prevención de inundaciones de la Comunitat amplía un 61% la superficie con riesgo en la zona de la dana, de unas 27.000 a casi 44.000 hectáreas. No es que haya llovido más en el despacho. Es que alguien, por fin, ha mirado. El agua tardó una tarde en corregir el dibujo; nosotros, dos años en pasarlo a limpio. Y en esos dos años, como es natural, se ha reconstruido con el mapa viejo, que es exactamente como reconstruir una casa siguiendo las instrucciones de la que se cayó.

¿Qué se ha hecho mientras tanto? Lo urgente, y hay que decirlo con justicia: vías reabiertas, puentes levantados, lodo fuera de las calles y miles de familias que han vuelto a su casa a base de seguros, ayudas y una tenacidad que da envidia. Lo importante, en cambio, sigue en un cajón. A mediados de septiembre, los proyectos de las grandes obras en el barranco del Poyo, por donde bajó el agua en 2024, seguían en redacción. Dos años redactando. A estas alturas el proyecto debería saber leer. Y el plano nuevo, ese del 61%, acaba de salir a información pública: dos años para corregirlo y veinte días hábiles para que tú lo leas y presentes alegaciones. Si alguien tiene interés, que no se entretenga, que la administración ha tardado lo suyo y a ti te toca correr.

Y no hace falta buscar villanos para entender por qué pasa, porque la explicación es más aburrida y más grave. El agua y la política funcionan con relojes distintos. Una legislatura dura cuatro años; un gran cauce o la revisión de un plan territorial se miden en diez. Una inauguración cabe en un mandato; una obra hidráulica casi nunca. Y hay algo peor todavía: una obra hidráulica bien hecha es invisible. Su éxito consiste en que no pase nada, y que no pase nada no sale en ninguna foto. Nadie corta una cinta delante de la riada que no hubo. Nadie gana unas elecciones con el barrio que no se inundó. Así que lo urgente adelanta siempre a lo importante, mande quien mande, y lo importante se queda esperando a que la próxima lluvia lo vuelva a convertir en urgente.

Mientras tanto, la factura de 2024 sigue encima de la mesa: más de 11.000 edificios afectados y 1.458 viviendas declaradas inhabitables. Y detrás de cada una hay una decisión perfectamente comprensible. Si tu vida está en ese pueblo —tu trabajo, tu madre, el colegio de los niños, la panadería de siempre—, reconstruyes ahí. Nadie en su sano juicio puede reprochárselo a una familia que acaba de sacar el barro con sus propias manos. Esa es justamente la trampa: cada decisión individual es razonable, y la suma de todas es un riesgo que nadie ha elegido. Para eso existe la planificación, para pensar por todos lo que nadie puede pensar solo con el agua por las rodillas. Y la planificación es precisamente lo que ha tardado dos años en llegar y todavía no ha llegado del todo.

Así que el jueves guardaremos un minuto de silencio, y bien guardado estará, porque la memoria empieza ahí. Pero el agua no entiende de minutos: entiende de cotas. No le impresionan los homenajes ni las coronas de flores; solo le importa lo que se encuentra en su camino cuando vuelve. Y volverá, porque no guarda rencor ni tiene prisa, y porque nunca olvida por dónde pasó. El mejor homenaje a quienes se llevó no es el silencio, sino que el proyecto que está en redacción deje de estarlo y que el plano nuevo se apruebe y se respete. El agua tiene memoria. La única pregunta que de verdad importa este jueves es si, por fin, vamos a tenerla nosotros.

Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot es técnica de Organización, escritora y formadora. Cuenta con casi tres décadas de experiencia profesional en Elecnor, vinculada a la gestión, coordinación y desarrollo de proyectos en el sector de las telecomunicaciones. Es autora de tres libros y, desde 2023, ha publicado más de 150 artículos en Minuto Crucial sobre actualidad, sociedad, cultura y política internacional. Fundadora de Bioneurosalud e impulsora de Awareness Max, combina su experiencia empresarial y tecnológica con la docencia, la divulgación y el desarrollo de proyectos centrados en las capacidades humanas. Su escritura se caracteriza por una mirada crítica, multidisciplinar e independiente.

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