Maricarmen echa la culpa de lo ocurrido a Pedro Sánchez y a su gobierno. Se le escapó en una entrevista que le hacía Inés Hernand. El Maricarmen-Gate no es otro tedioso marrón legal de repartos competenciales entre Estado y autonomías, tal como pintaron lo de la DANA o lo de Ceuta, sino un procedimiento perfectamente legal (si es moral o no es cuestión distinta) de lanzamiento judicial de un inquilino en aplicación de una ley de ámbito nacional: la Ley 29/1994, de 24 de noviembre, de Arrendamientos Urbanos, rubricada por Felipe González Márquez.
Esa norma, en su Disposición transitoria segunda, estableció que el artículo 24 de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964 dejaba de ser aplicable. Esta otra ley, con la rúbrica de Francisco Franco Bahamonde, disponía, para suerte de Maricarmen, que […] el inquilino que hubiere celebrado el contrato de arrendamiento podrá subrogar en los derechos y obligaciones propias del mismo a su cónyuge, así como a sus ascendientes, descendientes, hermanos legítimos o naturales e hijos adoptivos menores de 18 años […] Disclaimer: Si han de llamar facha a alguien, a mí que no sea. Mejor se lo llaman a Maricarmen, que ella sí gozó de las mieles de las leyes franquistas y además se apellida Abascal. Yo prefiero las dos leyes del PSOE —y que Dios me perdone—, la de Felipe y la anterior de Miguel Boyer, que liberalizaron el mercado del alquiler.
Solo alguien con pocas entrañas se reiría de las tribulaciones de una anciana que pierde su hogar con ochenta y pico años. Un miserable aún mayor sacaría rédito a su capital político por ello. La primera fue la marquesa de Villa Tinaja, alias Irene Montero, acudiendo a la manifa frente a la casa de Maricarmen para encararse, fardando de placa de eurodiputada, con un madero. Y el madero le respondió que ella era una ciudadana como cualquier otra. Ojalá Irene fuera una ciudadana como cualquier otra, porque casi ninguna vecina tuya ni mía tendría por ocurrencia reformar el Código Penal para aligerarle las penas de cárcel a los violadores. Pero es que la Montero anda de campaña y el Maricarmen-Gate era algo a lo que había que sacarle jugo como a una chufa. El siguiente —cómo no—, el resiliente Pedro Sánchez. Su hermano condenado, la mujer imputada y llamada a juicio por jurado popular, y tres de sus colaboradores durmiendo en la trena. Ahora, además, se filtra que las cloacas del PSOE supuestamente contrataron a narcos para pegarle un susto a la juez Biedma que emplumó a su hermano. Entre tanto, Peter andaba en Nueva York echándose arrumacos y selfis con el alcalde Mamdani e incluso, en rueda de prensa, tuvo tiempo para echarle la culpa de lo sucedido a Ayuso, a Franco, a Blackstone, a Voldemort y al rey Viriato.
Ahora resulta que tampoco Blackstone es el propietario del edificio sito en calle Alcalde Sainz de Baranda 46 sino, al parecer, la empresa Urbagestión Desarrollo e Inversión, que lo adquirió de Renta Corporación, que lo adquirió de una familia que compró toda la finca allá en los cincuenta. Me enteré por la ministra de Vivienda de Sánchez —porque manda cojones que también haya un ministerio de vivienda—, que no supo ni explicar el contenido de la ley Maricarmen que desde su cortijo andaban pariendo (de esto último les hablo otro dìa). A continuación la acampada en Plaza Ayuso, porque acampar frente al despacho de Jaume Collboni o el de Salvador Illa no procede, aunque en Barcelona haya el triple de desahucios que en Madrid. Esto también me recuerda que el fiscal general de Pedro fue condenado en sede judicial por maniobrar contra el chorbo de Isabel Natividad.
Maricarmen, para su desgracia, ha sido elegida por el PSOE y adláteres como ese neuralizador que usaba Will Smith en la película Men in Black. Con un fogonazo se te borraba la memoria y se te instauraba un nuevo recuerdo alternativo. Mientras andas conmiserándote con Maricarmen, sin ninguna intención de ayudarla, no andas pensando en todos los marrones legales de Pedro o en que desde hace dos meses Ceuta se parece más a Ciudad Juárez que a Melilla. La anciana ha sido transformada en el nuevo tótem del sanchismo. Antes que a ella le tocó a Jenni Hermoso, pero ahora, al parecer, las agresiones sexuales que cada semana se producen importan media verga si suceden en Ceuta. Verán, no es que yo sea voxero ni un ayuser. Tampoco soy fascista, señoro, incel, carlista ni cuáquero. Es simplemente que reconozco cuando alguien me está guindando la cartera mientras me monta una verbena con un muñeco de guiñol, porque no soy gilipollas. Al parecer ustedes sí lo son, lo lamento.

Jurista y ensayista
