EspañaEl político buitre

El político buitre

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Como su nombre indica, es aquel que se alimenta de la carroña cuando la muerte ya se ha producido. El único riesgo que corre es que haya demasiados compañeros queriendo llevarse un trozo del cadáver, por lo que hay que pelear duro. Llevamos años viendo cómo, ante una desgracia nacional, determinados partidos se aprovechan del dolor ajeno, apropiándoselo y utilizándolo como arma de manipulación, siempre en su propio beneficio.

El último caso es el desahucio de la tal Maricarmen, una funcionaria de la que hemos sabido que podría disponer de capital suficiente para haberse comprado una casa decente durante todos estos años, según la información de última hora publicada por diversos medios de comunicación. Sin embargo, habría preferido hacerse la sueca y machacar al propietario, que tenía la ley de su parte.

Lo mismo ocurrió con los ahogados en la riada de Valencia o con los fallecidos en el tren. Esas vidas no les importan en absoluto, salvo cuando pueden utilizarlas para sacar rédito político. Y lo peor de todo es que una sociedad completamente idiotizada les compra el discurso hasta el extremo de convertir a la víctima en verdugo y a la violada en poco menos que una buscona. A mi modo de ver, hemos sobrepasado todas las líneas rojas del sentido común y esta gente lo sabe. Por eso, hasta la muerte de un perro, totalmente necesaria, la convirtieron en un drama nacional, con personas llorando sin consuelo y rasgándose las vestiduras. ¿Acaso es el factor humano tan previsible y tan fácil de dirigir a placer?

Es entonces cuando surgen esas figuras de actores y malabaristas que recuerdan a las plañideras de las tragedias griegas, y la gente ve sus caras llorosas y sus gestos grandilocuentes y ya sabe qué partido tomarán. Solo una porción de seres humanos libres y con la cabeza muy bien amueblada es capaz de discernir y ver el engaño cuando lo tiene delante. Mientras tanto, las masacres, las injusticias, los verdaderos genocidios no salen a la luz, simplemente porque no proporcionan votos; por tanto, no interesan al político desalmado de turno, salvo que sirvan para desviar la atención de asuntos muy turbios, como estamos viendo estos días.

Y no solo son buitres los gobernantes, también todos los que vuelan a su alrededor y quieren su tajada. Así, el pueblo tan solo es carne de cañón, trofeos que se disputan unos y otros, mientras el muerto en el suelo sigue a la espera de que decidan quién tuvo la culpa o si la culpa fue del propio muerto por idiota.

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