El PSOE comenzó fuerte su campaña electoral con la vivienda, como si en sus ocho años de gobierno su “labor” no hubiera consistido en falsas promesas de construir cientos de miles, solapar chiringuitos inútiles o perseguir a los propietarios. Y el globo se les pinchó cuando se levantó la piedra bajo la que se escondían los grandes acaparadores de vivienda del PSOE, que también desahuciaban a sus inquilinos.
Siguiente lema: las pensiones. Tampoco obtuvo el éxito esperado. “La derecha os va a quitar las pensiones” no coló. La manifestación “preventiva” en Madrid de los «yayos», con la bandera republicana, organizada, por supuesto, por el PSOE y sus terminales políticas y mediáticas, fue bochornosa.
Los actos de campaña del “Partido del Amor” y su “kiss cam” son una tomadura de pelo, con Ceuta invadida, la Puerta del Sol convertida en un vertedero y las calles ardiendo por vándalos organizados saqueando comercios en nombre de “¿la educación pública y de calidad?”. ¡Pero quién es capaz de tragarse semejante memez, por favor!
Buscando un nuevo punto de anclaje para sus seguidores, ¿qué hace Pedro Sánchez? Rescata un viejo mantra de Podemos: ¡blindar en la Constitución el derecho al aborto! Pero, vamos a ver, alma de cántaro, ¿en serio te lo crees? Ya no es una cuestión moral o de creencias —Sánchez y el PSOE no tienen ni la una ni las otras—. Ni una cuestión jurídica —de Pumpido nos podemos esperar cualquier despropósito—. Es una cuestión meramente práctica. A mi modo de ver, la única fórmula para “blindar” el aborto sería introducir un nuevo apartado en el artículo 15 de la Constitución. Ese que comienza diciendo: “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral”.
Pues bien, esta modificación únicamente puede realizarse con la aprobación de 2/3 del Congreso y del Senado y la disolución inmediata de las Cortes Generales. Es decir, que 234 diputados y 174 senadores del PSOE y de sus socios voten sí a la reforma… y que estén dispuestos a irse a sus casas sin tener la seguridad de que se les vuelva a colocar en los puestos “con posibles” de las listas electorales.
El siguiente paso, las nuevas elecciones, tampoco garantizaría que el nuevo texto legal resultara confirmado por las nuevas Cortes Generales, porque se precisan las mismas mayorías. Así que, ¿alguien en su sano juicio puede pensar siquiera que realmente Pedro Sánchez se plantea llevar a cabo esta reforma constitucional?
No ya solo porque no le dan los números —y dudo que le den tras el 29N—, sino porque ¿en serio, si lograra volver a gobernar, aunque sea con otro Frankenstein, iba a disolver las Cortes y someterse a nuevas elecciones? ¿Sánchez, el de “unas elecciones paralizarían España”? ¿Sánchez, el del más que posible fraude en las nacionalizaciones exprés con la Ley de Nietos? ¿Sánchez, el del más que posible fraude en el voto por correo? ¿Sánchez, el “candidato” de Marruecos, invasión de Ceuta mediante? ¿El mismo que no ha presentado Presupuestos en toda la legislatura, gobierna desde 2018 gracias a pactos aberrantes y es un violador reincidente de la Constitución y de la Ley Electoral? ¿El que ha dado pucherazos a su propio partido para mantenerse como secretario general y lo maneja con puño de hierro?
¿O tal vez aquel que nos encerró ilegalmente 99 días y nos mandaba a la Policía o a la Guardia Civil mientras sus acólitos se saltaban el confinamiento, se enriquecían con mascarillas o hacían fiestas con “señoritas de la calle”? Sí, claro. Va a blindar el derecho al aborto en la Constitución y se va a arriesgar otra vez a perder las elecciones generales. ¡Miau!
