EspañaPedro, se llama 'Invasión'

Pedro, se llama ‘Invasión’

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Ya de vuelta de las vacaciones, sinceramente, no sabía ni qué hacer ni qué decir tras los diversos acontecimientos que se han ido sucediendo durante el periodo estival. Y es que, cuando uno desconecta, lo que menos quiere es amargarse —más de lo que estoy— con tanta infamia que sucede en nuestro país y, más si cabe, sobre lo que está sucediendo en Ceuta… Y miren que se lo veníamos avisando, pero ¡qué pocos acabaron terminándoselo por creer! Quizás porque siempre sacamos la conclusión de que es algo que tan solo ocurre en las películas de ciencia ficción, hasta que finalmente sucede en la vida real.

Nos han invadido y ese es el término que debemos utilizar. Sí, tal cual, sin minimizar el asunto. Porque lo que es, es. La entrada masiva, ilegal y manifiesta a una ciudad de nuestro país se denomina de esa manera. Eso sí, para aquellos que piensan que una invasión solo es mediante el uso militar, decirles que no solo no es necesario invadir mediante un fusil y un traje de campaña, sino que basta con cumplir una orden de un alto cargo mayor al tuyo para invadir por la fuerza. Y eso es lo que precisamente ha ocurrido en la ciudad autónoma de Ceuta. En torno a 70.000 individuos, cumpliendo la orden de Mohamed VI, invadieron con el objetivo de amedrentar al Gobierno.

Pero, más allá de todo lo sucedido, es la respuesta del propio Gobierno. Que, si esto es una “crisis humanitaria”, como si estuviéramos hablando de otra pandemia. Que si “hay que ayudarles a llegar a la península”. Por supuesto, eso es a lo que se dedican para favorecer la invasión. Y, cómo no, dejando a las FCSE a merced de los invasores, mientras difaman y mienten, alegando que la violencia viene de la inexistente “ultraderecha”. Todo esto, a su vez, mientras continúan reportándose casos de agresiones sexuales y violaciones desde que los invasores pisaron suelo español. ¿Ha dicho algo ya Irene Montero o Ione Belarra, o no?

No obstante, lo más grave de todo esto es la sensación indefinida de desprotección, inacción, nula previsión y falta de liderazgo que tenemos en este país. Porque ya no solo se trata del hecho de tener cada vez menos industria, una economía más decadente y un sistema que se cae a pedazos, sino que, además, carecemos de defensa y soberanía sobre nuestro propio territorio. Ni siquiera podemos defender nuestra frontera, porque nuestra frontera la defiende nuestro inmediato enemigo e invasor, como es Marruecos.

Claro que, ¿cómo vamos a defender nuestra frontera si la formación política que nos gobierna es una fiel mascota, al servicio de su amo? Ya va siendo hora de mostrar las cartas de esta partida de póker. ¿Qué sabe Marruecos sobre el presidente del Gobierno? ¿Qué información sacaron de Pegasus? Y la pregunta del millón: ¿por qué el PSOE lo ocultó todo? Y no me vale con ese informe policial alertando sobre la invasión. Hablo mucho más allá de eso. De lo que nadie quiere saber, pero que duele reconocerlo. Ahí es donde está todo lo que rodea a Marruecos y al Gobierno.

Y, sobre todo, en este mismo instante, señor Sánchez, quiero dirigirme hacia usted. Porque quizás su intención sea continuar con la típica imagen de quien no sabe nada, además de mantener el cuento de la lechera intacto. Pero conmigo no cuela. ¿Por qué permanece en silencio y niega la evidencia? Llame invasión a lo que es invasión, en lugar de crisis humanitaria, por respeto a los españoles. Parece un silencio tan cómplice, porque deja una sensación de miedo. Miedo a que tiren de la manta. Y es una manta realmente pesada, que oculta aquello por lo que este país, todavía no sabe, y que de hacerlo, cambiaría todo, inclusive el devenir de nuestra Nación.

Repitamos el término: invasión. También traición por parte del Gobierno. Nunca entenderé en qué la traición solo la paguen unos pocos cuando esto es algo muy caro de pagar. No obstante, señor Sánchez, a pesar de que no quiera asimilarlo, ahí fuera, en cada una de las ciudades de España, habitamos cantidades ingentes de españoles libres que creemos en la justicia y que acabaremos viéndole algún día en el lugar que le corresponde. Y ese lugar no es otro que Soto del Real.

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