EspañaLa partitocracia y la cultura de la prohibición

La partitocracia y la cultura de la prohibición

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Siempre he escuchado aquello de que “los políticos son un reflejo de la sociedad” y es una cita que siempre me ha llamado la atención por lo distorsionante de la misma pero hoy, inmersos en una pandemia que ha puesto patas arriba los ordenamientos jurídicos de las democracias occidentales, estoy en posición de afirmar que es otra patraña más cuyo significado carece del más mínimo de los sentidos. Yo, que siempre he pensado -y sigo haciéndolo- que los políticos no deberíamos ser más que meros gestores y que nuestra máxima “victoria” no puede ser otra que la de dirigir las soluciones adecuadas a los problemas concretos que afectan a nuestros compatriotas, me he dado cuenta -aunque a todas luces solo soy uno más de los millones de españoles que lo han hecho- que la crisis del coronavirus chino ha sido vilmente aprovechada por la partitocracia de los grandes -principalmente PP y PSOE- para aplastar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos.

Actualmente es rara la institución nacional, autonómica y municipal que no esté gobernada por Partido Popular y PSOE, en muchos de esos casos apoyados por Ciudadanos o Podemos. Y dejando a un lado el raro ejemplo de la Comunidad de Madrid, en el resto de los territorios impera una cultura de la prohibición que obtiene su legitimidad política en el consenso al que han llegado los líderes de ambos partidos que no es otro que el de perseguir cualquier atisbo de Libertad entre el conjunto de la sociedad española. Esto es: cuando se trata de hacerle la vida imposible al ciudadano, los políticos -con responsabilidad de gobierno- dejan a un lado sus pequeñas diferencias para ir de la mano. Viven al margen de la realidad. Y les da igual.

Vox tumbó los dos Estados de Alarma ante el Tribunal Constitucional y, precisamente, este hecho fue lo que “desbloqueó” repentinamente las negociaciones para el reparto de los sillones de magistrados. PP y PSOE tuvieron a bien eliminar de un plumazo al órgano que por dos veces aclaró la inconstitucionalidad -por muchos sospechada- de los dos recortes de derechos y libertades más importantes de la Historia de la democracia española. Porque ellos no pueden tolerar que ninguna situación, por ilegal que sea, se les escape de las manos. Y eso incluye absolutamente todas las prohibiciones –y obligaciones- que a día de hoy siguen afectando al ciudadano de a pie. Mascarilla obligatoria en exteriores, “pasaporte covid”, restricción del derecho al trabajo en hostelería y ocio, etc., son alguno de los ejemplos de lo que aquí se está hablando.

El bipartidismo cree que por tener hoy -no sabemos mañana- la mayoría en las instituciones puede pasarse por algo los Derechos Fundamentales de los españoles que, por estar recogidos en la Constitución, están protegidos frente toda acción política que desde los gobiernos pueda llevarse a cabo. El sentimiento de impunidad del propio Pedro Sánchez, así como de líderes autonómicos como Ximo Puig, Juanma Moreno, Núñez Feijóo o López Miras no solo les está convirtiendo en una suerte de cártel de la prohibición si no que, además, tiene toda la pinta de que no se van a detener. “Por el retrete” se fueron los cuentos aquellos de la “inmunidad de rebaño” y del “70% de vacunación” que se iban a llevar por delante cualquier tipo de restricción de nuestras vidas cotidianas.

Siempre habrá una nueva variante que justifique la hoja de ruta del menosprecio a las libertades -y a la inteligencia- del español que no solo tiene que librar la batalla contra el virus, sino que además tiene que soportar la ineficacia y la ineptitud manifiesta y dolosa de unos gobernantes obligados por no sabemos muy bien quién a ejecutar una agenda de reparto sistemático de la pobreza. Hemos iniciado un peligroso círculo vicioso y la única manera de escapar es mediante el voto y las urnas. Pero para ello los españoles no debemos olvidarnos de lo que nos están haciendo y, más aún si cabe, de lo que parece que están disfrutando de la retahíla de menosprecios a nuestra capacidad intrínseca de vivir.

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