El pasado viernes se celebraron los 25 años de los atentados del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York. La mañana transcurría con total normalidad por esas fechas, como cualquier otro día. Muchos se dedicaban a marchar hacia sus trabajos, a la vez que realizaban una breve parada para comprar su café o desayunar en su cafetería favorita antes de iniciar su jornada laboral. Sin embargo, nadie llegó a esperarse lo que terminaría ocurriendo aquel fatídico día.
Todo comenzó cuando los terroristas que perpetraron el ataque secuestraron dos aviones mientras realizaban sus respectivos vuelos comerciales. Estos pretendieron hacerse pasar por pasajeros normales y corrientes como el resto de los viajeros. Una vez tomaron el control absoluto del transporte aéreo, tomaron rumbo hacia Nueva York con la intención de alcanzar su objetivo.
El simple hecho de ponerme a imaginar que estoy situada en una de las Torres Gemelas mientras contemplo cómo uno de los aviones se acerca a toda velocidad o que uno de los trabajadores empleados que viajaban en el mismo aún consigue impactarme. Tanto las imágenes grabadas por medios de comunicación locales e internacionales y por transeúntes que se encontraron cerca del lugar de los hechos, como las llamadas grabadas de azafatas diciéndole a sus maridos e hijos cuánto los quieren y los testimonios de supervivientes de la tragedia nos demuestran en quiénes no hay que confiar.
A pesar de todo esto, ahora mismo Nueva York tiene un alcalde musulmán que ya ha sido visto riéndose junto a la política izquierdista Alexandria Ocasio-Cortez mientras pronunciaban los nombres de los fallecidos en los atentados del 11-S, lo cual constituye una falta de respeto hacia quienes perdieron a familiares cercanos o amigos. Es por ello que somos muchos los que aseguramos que parece que Nueva York, tras lo sucedido en aquel fatídico día, no ha aprendido de sus errores después de 25 años.
