CulturaJonko Blanco: Mi lucha interna

Jonko Blanco: Mi lucha interna

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Esta semana ha llegado a Amazon La lucha interna de Jonko, cuatro años después de El abismo del placer, y antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza pensando que voy a destripar la novela, tranquilos: no tengo intención de regalaros grandes spoilers, porque mi objetivo es bastante más sencillo —dejaros unas cuantas pildoritas sobre lo que vais a encontrar si decidís apostar por esta historia escrita por el director y CEO de Minuto Crucial, Jonathan Turrientes—, ya que para entender lo que soy ahora quizás convenga echar la vista atrás.

En El abismo del placer (2023/24) no soy más que un hombre soltero de 24 años, estudiante repetidor de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, que dedica bastante más tiempo a sus labores como cazador de féminas que a centrarse en la carrera que estudia; sí, mis líos de faldas fueron los responsables de que no consiguiera sacarme el grado en cuatro años naturales, y esa es, al fin y al cabo, mi maldita condena.

¿Y cuál es mi personalidad durante el transcurso de la primera parte? La de un tipo egocéntrico, narcisista y maquiavélico que no está precisamente acostumbrado a escuchar un «no» por respuesta; es lo que tiene ser guapo, tener labia y conocer bastante bien el lenguaje no verbal. Para unos, soy un machista sin escrúpulos; para otros, un referente al que aspiran a parecerse, aunque jamás llegarán a superarme, ni tan siquiera. Qué le vamos a hacer: la vida es así de injusta.

Entre todas las mujeres que forman parte de mi particular currículum, hay dos que consiguieron marcarme especialmente; la primera es Jessica Quílez, la misma que, en El abismo del placer, terminó convirtiéndose en mi confidente, mi paño de lágrimas y víctima de un acoso injusto, y después de todo el apoyo que ambos nos brindamos en aquellas circunstancias, hoy puedo reconocer, a viva voz y sin ningún pudor ante el qué dirán, que se trata de la mujer de mi vida y que estoy locamente enamorado de ella, tanto que he pasado de vivir en mi pisito de Usera a instalarme en su casoplón de Boadilla del Monte, porque uno también sabe progresar en la vida y, en ocasiones, el destino se encarga de hacerlo por ti sin necesidad de forzar absolutamente nada.

La segunda no es otra que Carla Valentín, mi vecina casada que, durante tantas páginas, se dedicó a acosarme sin medir las consecuencias de unos impulsos dominados por la lujuria; actualmente se encuentra internada en un centro psiquiátrico de Madrid, donde fue ingresada tras ser sentenciada por el juez que llevó el caso protagonizado por Jessica y por mí. Ahora bien, la pregunta del millón es si irrumpirá Carla, la mujer de Félix Martín, en algún momento de La lucha interna de Jonko; esa respuesta me la voy a guardar, porque no seré yo quien os la revele, y mejor será que lo descubráis por vuestra cuenta.

En El abismo del placer soy un hombre repleto de intuiciones y con grandes dotes psicológicas para alcanzar mis objetivos; sé cómo seducir a las mujeres para que caigan rendidas a mis encantos sin necesidad de recurrir a la mentira, porque me bastan el don de la palabra y un físico que, modestia aparte, tampoco pasa desapercibido. Sin embargo, en La lucha interna de Jonko entra en juego algo que cambia por completo las reglas: la videncia y los sueños premonitorios, un don que irá adquiriendo cada vez mayor protagonismo en mí a medida que avancen las páginas. Y hasta aquí puedo leer.

También van a variar bastante los escenarios en esta segunda entrega; en El abismo del placer, mis itinerarios recorren distintas localidades de la Comunidad de Madrid —entre ellas Alcorcón y Aranjuez—, además de llevarme hasta Euskadi, concretamente a Bilbao y Getxo, mientras que en La lucha interna de Jonko llega el más difícil todavía: Madrid, Villamanrique de Tajo, Bilbao, Miranda de Ebro y Berna. Sí, habéis leído bien: Berna, nada más y nada menos que en Suiza. ¡Me vuelvo internacional… sin haberlo planeado!

Asimismo, en la primera novela, el vínculo sentimental del escritor —que es también el CEO de Minuto Crucial— se lo llevan Bilbao y Aranjuez: la capital vizcaína por ser la ciudad que lo vio nacer un 6 de marzo de 1987, y la localidad madrileña por ser el lugar donde veraneó durante su niñez y adolescencia, hasta hace unos años; en la segunda, en cambio, la palma se la llevan Villamanrique de Tajo, en Madrid, el pueblo donde residían sus abuelos maternos, y Miranda de Ebro, donde lo hacían los paternos, una localidad que, además, tiene un significado especial para él, pues fue allí donde Jonathan inició su andadura en el mundo de la comunicación.

Y es en este punto cuando empiezan los guiños particulares, ya sean a personas o a entidades concretas; en La lucha interna de Jonko hay un personaje que se llama exactamente igual que el abuelo del escritor y, curiosamente, otro cuyo nombre coincide con el de su perro, detalles que quienes descubráis la historia terminaréis reconociendo. A eso hay que sumarle que aquellos que compréis esta segunda parte disfrutaréis incluso de un paseo turístico por Miranda de Ebro a través de locales que, aunque no conservan exactamente su nombre real al 100%, Jonathan ha querido incorporar a mi historia como homenaje a la localidad. Además, hasta aparece el mismísimo Mirandés disputándose, en el último partido, el ascenso a Primera División frente a un equipo vasco. ¿Lo conseguirá o le sucederá exactamente lo mismo que en la vida real hace un par de años? Me niego a haceros spoiler: tendréis que averiguarlo vosotros mismos.

Retomemos el asunto asociado a las mujeres: ya sabéis que, entre el deseo y los quebraderos de cabeza, me muevo como pez en el agua; en esta segunda parte, a diferencia de la primera, habrá “dos Carlas”, una que irá a por mí desde el minuto uno en La lucha interna de Jonko con el fin de que sea desleal a Jessica, y otra que, en cambio, se dedicará a tirar de anonimato en todo momento, un anonimato que, por supuesto, terminará desvelándose en las últimas páginas, porque aquí nadie da puntada sin hilo.

Para todos aquellos lectores que hayan leído la primera parte de mis vivencias, estoy seguro de que esta segunda será completamente de su agrado; mientras que el género predominante en El abismo del placer es el sexo explícito y el acoso, en La lucha interna de Jonko adquieren mayor protagonismo la carga psicológica y esa lucha interna entre mis instintos, mis ganas de volver a las andadas y mi intención de mantenerme fiel a la mujer que amo, que no es otra que Jessica Quílez.

En conclusión, solo me queda adelantaros un último acontecimiento sobre todo lo que está por venir: el autor de El abismo del placer y La lucha interna de Jonko, novelas que forman parte de La saga de Jonko Blanco, está actualmente inmerso en la escritura de una nueva historia en la que, para mi desgracia o fortuna, yo no seré el protagonista, sino un personaje secundario; en esta ocasión, el género dará un giro considerable, adentrándose de lleno en lo humorístico-satírico y dejando atrás el tono erótico-psicológico que ha marcado mis propias vivencias. Es precisamente por eso que, además de invitaros a descubrir qué me depara esta segunda entrega, os animo a permanecer atentos al próximo spin-off, protagonizado por Gervasio Cruziale, un parado solterón de 48 años en cuya historia las risas quedan más que garantizadas, además del entretenimiento que toda novela de Jonathan Turrientes suele ofrecer a sus lectores, tanto en sus contenidos literarios como en sus artículos de opinión.

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