CulturaNunca fue tan difícil reconocer la verdad

Nunca fue tan difícil reconocer la verdad

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Hubo un tiempo en el que una fotografía era una prueba. Si aparecía en una imagen, había ocurrido. Si alguien lo veía con sus propios ojos, era real. Si salía en televisión, millones de personas lo daban por cierto. El mundo tenía muchos problemas, pero al menos parecía existir un acuerdo básico sobre algo: la realidad.

Hace unos días, durante la visita de León XIV a España, me encontré viendo en las redes sociales varias fotografías del Papa abrazando a distintos líderes políticos. Las imágenes parecían auténticas. La iluminación era perfecta. Los gestos eran naturales. Los detalles encajaban. El único problema era que nunca habían sucedido. Eran imágenes creadas por inteligencia artificial que miles de personas compartieron como si fueran reales. Y entonces pensé que quizá estamos observando el fenómeno equivocado.

Llevamos años hablando de cómo la inteligencia artificial transformará el trabajo, la economía o la educación. Nos preguntamos qué profesiones desaparecerán, qué tareas automatizará y qué sectores cambiarán para siempre. Sin embargo, sospecho que la transformación más profunda está ocurriendo en otro lugar. No estamos entrando en la era de la desinformación. Estamos entrando en la era en la que la evidencia deja de ser evidente. Y esa diferencia es enorme.

Durante siglos la humanidad luchó contra la ignorancia. El problema era no saber. Faltaban datos, faltaban libros, faltaban fuentes de información. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Vivimos rodeados de información. Nunca habíamos tenido acceso a tantos conocimientos, tantos expertos, tantos análisis y tantas opiniones. Y, paradójicamente, cada vez parece más difícil distinguir qué merece ser creído.

Resulta fascinante. Hemos creado máquinas capaces de generar fotografías que nunca existieron, voces que nunca hablaron y vídeos de acontecimientos que jamás ocurrieron. Y mientras celebramos la hazaña tecnológica, apenas nos damos cuenta de la pregunta que se abre delante de nosotros. ¿Qué ocurre cuando ver ya no significa saber? Porque esa ha sido una de las bases invisibles de nuestra civilización. Ver una fotografía. Escuchar una grabación. Observar una escena. Aceptar una evidencia. Pero esa relación está empezando a romperse.

Hoy una fotografía ya no demuestra nada. Y, quizá mañana tampoco lo haga un vídeo. Lo extraordinario es que estamos asistiendo a este cambio histórico casi sin darnos cuenta. Mientras discutimos sobre política, economía o inteligencia artificial, la propia idea de evidencia está cambiando delante de nuestros ojos. Y eso debería hacernos reflexionar mucho más de lo que lo está haciendo.

Porque una sociedad puede sobrevivir a la ignorancia. Lo ha hecho durante siglos. Una sociedad puede sobrevivir a los desacuerdos. También lo ha hecho. Lo que resulta mucho más difícil es sobrevivir cuando desaparece el acuerdo sobre la realidad misma. Porque durante siglos discutíamos sobre las ideas. Ahora empezamos a discutir sobre los hechos. Y esa diferencia lo cambia todo.

Las máquinas avanzan a una velocidad extraordinaria, pero nuestra mente sigue funcionando de forma muy parecida a la de nuestros antepasados. Seguimos creyendo aquello que confirma nuestras opiniones. Seguimos compartiendo aquello que nos emociona. Seguimos prestando más atención a lo espectacular que a lo verdadero. Quizá por eso el problema nunca fue que la inteligencia artificial aprendiera a mentir. Quizá el problema es que nosotros hemos olvidado cómo dudar. Dudar no para desconfiar de todo. Dudar para pensar. Para detenernos unos segundos antes de reaccionar. Para preguntarnos quién gana cuando creemos algo, quién gana cuando lo compartimos y quién gana cuando dejamos de cuestionarlo.

Durante siglos temimos que las máquinas pensaran como los seres humanos. Lo que nunca imaginamos es que acabaríamos delegando en ellas la tarea de pensar por nosotros mismos. Tal vez ese sea el verdadero desafío de nuestra época. No construir máquinas más inteligentes. No desarrollar algoritmos más potentes. No generar imágenes más perfectas. Seguir siendo nosotros lo suficientemente libres, críticos y conscientes como para reconocer la verdad cuando la tengamos delante. Porque quizá el problema del futuro no sea que las máquinas se parezcan demasiado a los seres humanos. Quizá el problema sea que los seres humanos dejemos de parecernos a aquello que nos hizo libres: nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos.

Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot
Autora de Siente y vive libre, Toda la verdad y Vive con propósito, Técnico de organización en Elecnor Servicios y Proyectos, S.A.U. Fundadora y Directora de BioNeuroSalud, Especialista en Bioneuroemoción en el Enric Corbera Institute, Hipnosis clínica Reparadora Método Scharowsky, Psicosomática-Clínica con el Dr. Salomón Sellam

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