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La IA iba a quitarnos el trabajo… y se equivocaron

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Hace apenas unos años, nos advirtieron de que la inteligencia artificial iba a provocar una revolución laboral sin precedentes. Se habló de millones de empleos destruidos, de profesiones enteras desapareciendo y de máquinas sustituyendo a los seres humanos. El mensaje era tan contundente que muchos empezaron a imaginar un futuro donde los trabajadores serían poco más que una reliquia de otra época. Lo curioso es que ahora uno de los hombres que más contribuyó a alimentar ese debate, Sam Altman, creador de ChatGPT, reconoció que probablemente se equivocó. El supuesto apocalipsis laboral no ha llegado.

Y quizá la noticia más interesante no sea que se equivocara. Quizá la noticia más interesante sea en qué se equivocó. Porque mientras medio mundo discutía si las máquinas nos quitarían el trabajo, ocurrió algo mucho más inesperado. Las máquinas empezaron a hacer, precisamente, los trabajos que se hacían delante de otras máquinas.

Durante años nos dijeron que el futuro pertenecía a quienes trabajaban delante de una pantalla. Había que estudiar, formarse, especializarse y escapar de los oficios manuales. Parecía que el éxito consistía en alejarse de los talleres, de las herramientas y de cualquier trabajo que obligara a mancharse las manos. Y entonces llegó la ironía. La inteligencia artificial aprendió a redactar textos, resumir informes, analizar documentos, programar, responder correos y realizar muchas de las tareas que millones de personas hacían sentadas frente a una pantalla.

Mientras tanto, el electricista siguió siendo necesario. El fontanero también. El mecánico también. El instalador de telecomunicaciones también. El técnico de mantenimiento también. El sanitario también. El fisioterapeuta también. El cuidador también. Resulta difícil no sonreír ante la paradoja. Pasamos décadas convencidos de que el futuro estaba dentro de los ordenadores y ahora descubrimos que los ordenadores parecen sentirse especialmente cómodos sustituyendo precisamente a quienes viven dentro de ellos.

Y quizá ahí aparezca una de las grandes lecciones de esta época. La inteligencia artificial no está demostrando únicamente lo que una máquina puede hacer. Está demostrando algo mucho más interesante: todo lo que ser humano implica. Porque una máquina puede redactar un contrato, pero sigue sin arreglar una avería eléctrica a las tres de la madrugada. Puede generar información, pero no puede generar confianza. Puede responder preguntas, pero no acompañar a una persona que está sufriendo. Puede calcular, pero no cuidar.

Cuanto más avanzan las máquinas, más evidente se vuelve algo que habíamos olvidado. Lo realmente valioso nunca fue memorizar datos. Lo realmente valioso era comprender, escuchar, crear, cuidar, inspirar y conectar. Por eso sospecho que llevamos años haciéndonos la pregunta equivocada. La cuestión nunca fue si la inteligencia artificial podía hacer nuestro trabajo. La cuestión era si nuestro trabajo aportaba algo que una máquina no pudiera copiar.

Porque quizá la gran mentira nunca fue que las máquinas fueran a sustituirnos. La gran mentira fue creer que el ser humano era valioso por su productividad. Durante años nos definimos por las horas trabajadas, por los correos respondidos, por la velocidad, por la eficiencia y por la capacidad de producir más que el de al lado. Y ahora aparece una máquina capaz de hacer muchas de esas cosas mejor que nosotros.

La pregunta es inevitable. Si una máquina puede hacer gran parte de lo que haces, ¿qué queda? Y quizá esa sea la mejor noticia de todas. Porque lo que queda es precisamente lo que siempre importó. La empatía. La intuición. La creatividad. El humor. El amor. La capacidad de encontrar sentido en medio del caos. Todo aquello que nunca apareció en una hoja de cálculo.

Quizá la inteligencia artificial no ha venido a quitarnos el trabajo. Quizá ha venido a recordarnos algo que habíamos olvidado. Que nuestro verdadero valor nunca estuvo en parecer una máquina. Estuvo en todo aquello que una máquina jamás podrá ser. Y, por primera vez en mucho tiempo, eso debería tranquilizarnos más que preocuparnos.

Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot es técnica de Organización, escritora y formadora. Cuenta con casi tres décadas de experiencia profesional en Elecnor, vinculada a la gestión, coordinación y desarrollo de proyectos en el sector de las telecomunicaciones. Es autora de tres libros y, desde 2023, ha publicado más de 150 artículos en Minuto Crucial sobre actualidad, sociedad, cultura y política internacional. Fundadora de Bioneurosalud e impulsora de Awareness Max, combina su experiencia empresarial y tecnológica con la docencia, la divulgación y el desarrollo de proyectos centrados en las capacidades humanas. Su escritura se caracteriza por una mirada crítica, multidisciplinar e independiente.

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