CulturaNunca supimos tanto... ni estuvimos tan perdidos

Nunca supimos tanto… ni estuvimos tan perdidos

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Hay un momento que casi nadie cuenta. El día termina. Te sientas. Silencio. Podrías hacer algo importante, algo pendiente, algo que sabes que tienes que enfrentar. Pero no. Desbloqueas el móvil. Sin motivo claro. Sin necesidad real. Solo por no parar: deslizar, actualizar, consumir. Noticias, opiniones, guerras, crisis, avances, escándalos. Todo en la palma de la mano. Todo al instante. Todo ahora. Y, aun así… cada vez entendemos menos lo que está pasando.

Nunca habíamos tenido tanta información. Nunca habíamos tenido tan poca claridad. Sabemos lo que ocurre al otro lado del mundo en tiempo real, pero no sabemos qué hacer con lo que pasa dentro de nosotros. Leemos titulares mientras desayunamos, opinamos sin contexto, reaccionamos sin pausa. Y seguimos. Siempre seguimos. Porque parar tiene un coste: pensar. Pensar sin ruido, sin estímulos, sin respuestas rápidas. Pensar de verdad. Y eso, hoy, es casi un lujo.

Nos dijeron que estar informados nos haría libres. Que cuantos más datos, más control. Que saber más era vivir mejor. Pero nadie avisó de esto: la información también puede ser una forma de huir, huir del silencio, de las decisiones, de la incomodidad de no saber qué hacer con la propia vida. Mientras el mundo se despliega en una pantalla, la nuestra se queda en pausa. Decisiones que no tomamos. Cambios que aplazamos. Conversaciones que evitamos. No por falta de tiempo, por falta de dirección.

Y entonces aparece esa sensación. Difusa. Constante. Difícil de explicar. Como si todo avanzara… menos tú. Como si siempre fueras un paso por detrás de algo que no tiene nombre. Como si estuvieras ocupado… pero no en lo importante. Porque lo importante no aparece en ningún titular, no vibra, no interrumpe, no exige respuesta inmediata.

Lo importante espera. Y nosotros no sabemos esperar sin llenar el vacío. Así que seguimos deslizando, como si en la siguiente noticia, en el siguiente dato, en la siguiente alerta… fuera a aparecer algo que nos ordene por dentro. Pero no llega. Porque no es información lo que falta: es criterio. No es velocidad: es dirección. No es saber más: es entender mejor. Y eso exige algo que hemos dejado de practicar: detenerse, cerrar la pantalla, sostener el silencio, mirar sin distracciones lo que hay y lo que falta.

Porque, al final, todo se reduce a algo incómodo. Puedes saberlo todo sobre el mundo y no tener ni idea de qué estás haciendo con tu vida. Puedes estar al día de todo… y llegar tarde a ti. Y no hay notificación que te avise de eso, solo una sensación: la de estar perdiendo el tiempo… sin saber exactamente cuándo empezó. Y quizá ese sea el verdadero punto de inflexión.

No el momento en que entiendes lo que pasa fuera, sino el instante —raro, incómodo, casi valiente— en el que decides mirar dentro. Parar. Sin pantalla. Sin ruido. Sin distracciones que te expliquen quién eres o qué deberías hacer. Parar… y sentir. Sentir de verdad. Lo que evitas. Lo que pospones. Lo que sabes y no quieres admitir.

Porque ahí, justo ahí, donde no hay titulares, donde no hay opinión, donde no hay nadie mirando… empieza algo que no se puede fingir: tu vida. Y no necesita más información. Necesita presencia. Necesita dirección. Necesita que estés. Aquí. Ahora. Sin huir. Porque, al final, no se trata de entender el mundo. Se trata de no perderte dentro de él. Y eso solo ocurre cuando dejas de mirar todo… y empiezas, por fin, a mirarte.

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Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot
Raquel Puerta Nevot es técnica de Organización, escritora y formadora. Cuenta con casi tres décadas de experiencia profesional en Elecnor, vinculada a la gestión, coordinación y desarrollo de proyectos en el sector de las telecomunicaciones. Es autora de tres libros y, desde 2023, ha publicado más de 150 artículos en Minuto Crucial sobre actualidad, sociedad, cultura y política internacional. Fundadora de Bioneurosalud e impulsora de Awareness Max, combina su experiencia empresarial y tecnológica con la docencia, la divulgación y el desarrollo de proyectos centrados en las capacidades humanas. Su escritura se caracteriza por una mirada crítica, multidisciplinar e independiente.

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