EspañaPulseras antimaltrato: Así nos protege nuestro Gobierno

Pulseras antimaltrato: Así nos protege nuestro Gobierno

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¡Oh, qué maravilla de Gobierno progresista es el que tenemos! Ese que se llena la boca con la igualdad de género y la protección a las víctimas de violencia machista, pero que, en la práctica, les cuelga pulseritas electrónicas que fallan más que un reloj de arena en un huracán.

Sí, señores. Hablamos del escándalo de las pulseras antimaltrato, ese sistema ‘Cometa’ que debería salvar vidas, pero que, gracias a la incompetencia crónica de Moncloa, ha terminado convirtiéndose en un chiste de muy mal gusto. ¿Cómo demonios hemos llegado a esto en el año 2025? Fácil: con un Ejecutivo que prioriza el postureo ideológico sobre la seguridad real. Y mientras, más de 4.500 mujeres viven con el corazón en un puño, preguntándose si hoy será el día en que su agresor las alcance porque el GPS decidió tomarse un café.

Vamos al grano, porque la indignación me quema por dentro. El Ministerio de Igualdad, ese pozo sin fondo de buenas intenciones y peores ejecuciones, adjudicó el contrato a una nueva UTE -Vodafone y Securitas- por la friolera cantidad de 41 millones de euros, despidiendo a Telefónica como si fuera un novio infiel. ¿Resultado? Durante la transición de finales de 2023 a marzo de 2024, el sistema se fue al garete: pérdida de datos históricos, localizaciones erróneas, falsos positivos que alarman a las víctimas sin razón y pulseras que se manipulan con la facilidad de un juguete de feria. Jueces y fiscales lo han gritado a los cuatro vientos en la Memoria de la Fiscalía de 2024: sobreseimientos y absoluciones a mansalva porque no hay pruebas para condenar a los maltratadores. ¡Bravo, equipo! Ustedes han convertido la Justicia en una lotería donde las mujeres siempre pierden.

Y no me vengáis con que fue «puntual» o «prácticamente nulo», como balbucea la ministra Ana Redondo, esa lumbrera que fue reprobada en el Congreso de los Diputados el pasado mes por su «irresponsabilidad criminal». ¿Puntual? Los jueces llevan alertando desde julio de 2024 de «disfunciones» graves, solicitando revisiones que cayeron en oídos sordos. Víctimas pidiendo que les quiten las pulseras porque les generan más ansiedad que protección… y el Gobierno respondiendo con un «tranquilas, chicas, ya licitamos otra vez en unos meses». ¿En serio? ¿Eso es lo que ofrecéis a mujeres aterrorizadas? Un «ya veremos» mientras sus ex se pasean libres gracias a vuestros fallos técnicos. Es repugnante, es hiriente, es una bofetada a todas las que confían en el Estado para no acabar en las noticias como otra estadística de feminicidio.

Pero esperen, que el sarcasmo no acaba aquí. Mientras en Francia se escandalizan con nuestra chapuza -sí, hasta Le Parisien lo reseña como una «controversia» que pone en jaque la protección de las mujeres-, aquí Pedro Sánchez y su séquito continúan en su burbuja de negacionismo. Primero lo niegan todo, posteriormente reconocen «problemitas», y finalmente prometen soluciones futuras. ¿Y las víctimas? Que esperen sentadas, porque el feminismo de salón no incluye competencias básicas como elegir un proveedor que no compre pulseras en AliExpress. Resulta indignante ver cómo este Gobierno, que se autoproclama campeón de la igualdad, además de muy feminista, desprotege a las más vulnerables por pura negligencia. ¿Dimisión de Redondo? Ja, en un país serio como Alemania o Reino Unido, ya estaría recogiendo sus cosas. Aquí, solo una reprobación simbólica y a seguir cobrando del erario público.

En definitiva, este fiasco no es solo un error técnico; es el enésimo clavo en el ataúd de la credibilidad de Sánchez. Un Gobierno que falla en lo básico, que pone vidas en riesgo por ahorrar unos euros o por favoritismos en contratos, no merece ni un minuto más en el poder. Mujeres de España: nos merecemos una protección real, no pulseritas defectuosas de un Ejecutivo defectuoso. ¡Qué vergüenza, qué rabia, qué ganas de gritar basta ya! Si no dimiten por decencia, que sea la sociedad la que los eche a patadas en las urnas. Porque esto no es igualdad; es una estafa mortal disfrazada de progreso.

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