CulturaNarrativa indigenista, una conspiración del Foro de Sao Paulo

Narrativa indigenista, una conspiración del Foro de Sao Paulo

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“España impuso su religión a plan de espada y sangre” es uno de los argumentos que suelen esgrimir los más grandes defensores del indigenismo. Sin embargo, aunque con apariencia de verdad, se trata simplemente de un sofisma, ya que la investigación histórica refleja lo contrario: que eran las culturas americanas precolombinas las que imponían sus creencias de manera violenta, incluso con sacrificios humanos.

Fray Juan de Zumárraga y Francisco de Clavijero, en su libro Historia antigua de México, dan cuenta de que, exclusivamente en la ciudad de México, en 1531 se sacrificaron a los dioses más de veinte mil víctimas. Por su parte, Discovery Channel, en una investigación titulada Templo de Sangre, evidenció que los sacerdotes aztecas podían extirpar el corazón de un ser humano en, léalo bien, diecisiete segundos.

De igual manera, los incas sacrificaban niños cuando querían revertir las malas condiciones climáticas. El ritual del Capacocha se realizaba al pie de los nevados más importantes. Para ello, los niños eran forzados a caminar largas distancias durante varios días, siempre acompañados de sacerdotes y emisarios del inca. Una vez en las montañas, los niños eran narcotizados con alcohol y coca hasta quedar profundamente dormidos. La mayoría fallecía debido al intenso frío. Sin embargo, también se han hallado casos en los que eran sacrificados con un golpe en la cabeza. Ante esos macabros escenarios, ¿no le parece lógico que muchos nativos americanos prefirieran seguir a un Dios que, en lugar de sacrificarlos a ellos, inmolaba a su propio hijo y cuya única condición para ser su fiel era amar al prójimo?

Por otra parte, compare usted las prácticas católicas, por ejemplo: dar la otra mejilla, la compasión por el débil y la caridad con los pobres, con la guerra permanente, la violación de las mujeres de los derrotados y los baños de sangre. Existen muchas más razones para afirmar que España empoderó a los indígenas americanos. Los nativos de estas tierras se sentían tan contentos que, de manera masiva, aceptaron el bautizo; incluso, se ponían los apellidos de sus amigos españoles como homenaje a esa amistad.

En tres generaciones, los nativos americanos ya eran sacerdotes, profesores, políticos e historiadores; jamás se los trató mal, y mucho menos se practicó un genocidio. Además, el sentido de pertenencia a España era tan fuerte que, durante las conspiraciones contra la Corona que Simón Bolívar y otros organizaron, mal llamados Procesos Independentistas, los nativos pelearon a favor del Rey. Entonces, ¿por qué todavía tenemos tan vigente la leyenda negra sobre España?

Primero, porque se heredó ese cuento desde los años 1800, la época en la que surgen nuestros países. Segundo, porque, con mayor énfasis desde 1990, sirvió para que matones, sicarios y hampones se dieran un baño de legitimidad mientras conspiraban contra las democracias de Bolivia, Ecuador y Perú. Esta especie de Poder Indio, parafraseando a Las Panteras Negras, sería el paraguas perfecto para encubrir, justificar y hasta perdonar las tropelías que cometían personajes como Evo Morales y Felipe Quispe. Sobre este último, hay que recordar que, durante abril del año 2000, dirigió el cruel descuartizamiento del capitán de ejército Omar Téllez, un hecho sangriento que el biempensante progresismo europeo catalogó como: Resistencia indígena.

Lo peor es que, después de 2009, los grupos indigenistas han cerrado nexos con las estructuras terroristas financiadas por Irán. Al respecto, José Brechner, el mayor experto boliviano en temas del radicalismo islámico, explica: “No hay que dejarse burlar por el cariño iraní hacia Sudamérica. Su verdadera meta es la conversión de las poblaciones autóctonas al Islam. Su apoyo político y económico es un disfraz para imponer su convicción religiosa, como está haciendo en la Ciudad de El Alto, colindante con La Paz, donde obligan a las enfermeras bolivianas a usar el atuendo islámico (hiyab), en un diminuto y mediocre hospital que donó. No nos equivoquemos, Irán es una intolerante teocracia antioccidental. Sus líderes piensan acomodarse en Latinoamérica para atacar a los Estados Unidos, aliados con los neocomunistas”.

En conclusión, ningún ser con cierto grado de racionalidad cae en las narrativas indigenistas. Penosamente, los militantes del Socialismo del Siglo XXI están muy lejos de la racionalidad.

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