CulturaQuiero ser sincera

Quiero ser sincera

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Harto difícil es este propósito que se considera como una de las noblezas humanas, mas cuando últimamente se aprecia el concepto como algo propio de persona débil. Leí a Carmen Posadas que ya van agrupándose palabras cuyos conceptos nos han definido siempre como personas de bien. La palabra dada, la honra, la dignidad, ya parecen haberse quedado como términos arcaicos sustituidos por una pléyade de definiciones que, siendo denigrantes para la persona, se aprecian como fortalezas o resiliencia.

No hay tiempo para la historia auténtica, no hay lugar para las humanidades, la compasión no pasa de una apreciación lastimera y ya no desemboca en una ayuda que la palíe. Hemos iniciado el camino a ninguna parte, no vamos a precisar ni justicia, ni dignidad, mucho menos sinceridad que siendo sinceros con nosotros mismos, a fuer de validar los cambios de opinión, no es que nuestra conciencia haya tornado a laxa, es que ha desaparecido llevándose lo que todos traemos al nacer: la dignidad. Indignos de hecho, indignos por acción y por omisión.

Esa maravillosa y enaltecedora dignidad que posee quien se comporta con responsabilidad, seriedad y respeto hacia sí mismo y hacia los demás, que no se deja degradar ni humillar. Hermosa cualidad que algunos líderes actuales no solo no practican, sino ofrecen como modelo que contagia un peligroso virus. Nos ha pillado sin vacunar. Normal, porque son muchos los años que hemos vivido pendientes de nuestro trabajo y, a la vez, de nuestras vidas privadas alcanzando cierto confort y que ahora nos preocupa mucho más perderlo que la propia dignidad. Pero aún quedamos muchos “antiguos”, nuestros hijos, nuestros nietos llevan en su impronta educativa familiar, ese germen.

El problema es que un joven adolescente ante “el todo vale”, entra en un desconcierto que tiene que ver con la pérdida del sentido que da a su vida chocando con su aprendizaje. Anorexia, bulimia y más trastornos no tan graves, pero que están ahí, se ceban a esta edad. Es muy común oír que son las redes sociales, pero es solo una parte del problema.

Maldigo los términos izquierda y derecha, como instrumentos deleznables que producen confrontación, discrepancias y, consecuentemente, enfrentamientos fratricidas porque nos hermana la condición humana. Y ahora, aunque parezca fabulación, “a río revuelto, ganancia de pescadores” y los que están pescando ciertamente son los indeseables. Sigamos discutiendo y, mientras estemos en ello, los espabilados se llevan poco a poco nuestro confort, que es lo menos importante después de todo, ya que lo que están fulminando es nuestra dignidad, nuestra palabra dada, nuestra honra y nuestro honor.

Pero bueno, qué cosas digo. Esta triste realidad tiene sus pequeños antídotos y ya que tenemos aquí San Valentín, vamos a seguir gastando como si nada y a reservar restaurante. ¿Que no tengo pareja? Nada, siempre nos podremos enamorar de algún avatar desparejado.

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