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Seguridad segura

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En estas últimas semanas se vienen gestando una serie de leyes de esas que no dejan indiferente a nadie: La ley del “No es No”, la llamada ley “Trans” y por último la “Ley de Seguridad Nacional”. Es cierto que cada una de ellas se encuentra en un estado de tramitación diferente y que no debemos calificarlas en un sentido u otro hasta que no tengamos el texto definitivo, pero en lo que sí que podemos entrar es en los modos de cómo se están llevando a cabo esas tramitaciones. Sobre todo, en la última de las leyes que he mencionado antes, la que atañe a la seguridad nacional.

No podemos decir que nos extrañen los adjetivos que algunos han acompañado el anuncio de la ley y la filtración de alguno de sus aspectos más polémicos, adjetivos llegan a vaticinar hasta un régimen de terror si es que la ley llega a ver la luz. Pero que ya estemos curados de espanto ante los modos con los que los políticos se adornan últimamente no debe hacernos dejar de ver que ni son estos los más adecuados ni es la manera en la que se debería hacer política.

Una ley que regule y defina qué se puede hacer en según qué estados de crisis y similares no creo que sea algo en lo que alguien esté en desacuerdo. Las situaciones excepcionales necesitan de respuestas fuera de lo común y esto no es algo que nos deba sorprender, aunque se trate de temas tan delicados como el de obligar a los ciudadanos a dejar sus negocios para aportar a una empresa común o el ceder parte de nuestras posesiones para que el Estado y el gobierno de turno puedan responder de una manera más efectiva.

Es por lo anterior que si tenemos un punto de partida en el que hay un amplio consenso no deberíamos dejarlo a un lado buscando la polémica que alimente el enfrentamiento sino trabajar en ampliar esos acuerdos para que al final pesen mucho más que lo que pueda separarnos.

El Gobierno de Sánchez, si lo que quiere es dotar al Estado de unos instrumentos eficaces para situaciones tan graves como las que hemos pasado meses atrás en los momentos en los que el COVID-19 nos golpeaba con mayor fuerza, debería trabajar codo con codo con la oposición para que la ley que resultante también sea del agrado de esta. No sirve de nada, en asuntos de tanta trascendencia, soluciones que vengan sólo de una parte de la sociedad sobre todo cuando esta se encuentra tan polarizada como la nuestra. Todo esto que escribo parece una perogrullada. Evidentemente las cosas cuando se consensuan salen mejor.

Los planes cuando se trabajan entre todos agradan a todos. La cuestión entonces es evidente. ¿por qué no se hace? La respuesta asusta un poco bastante, tanto como una ley de seguridad insegura.

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