Durante estos días, manteniendo mi rol como opositora en activo, me ha tocado estudiar los temas relativos al Registro Civil. Tras leer todo lo asociado con el derecho procesal, nuevamente he ido sumergiéndome en el Derecho Civil Sustantivo
Suspirando, tocaba afrontar el estudio con el empeño con el que lo hago y, según iba preparando mi tan preceptiva como necesaria dosis de cafeína, leo en diversos medios de comunicación que debería haberse cambiado la normativa del Código Civil. ¿Será que no llevo tantas horas estudiadas durante toda la semana, verdad? Aunque, quién sabe, quizá estando encerrada en la habitación he viajado en el tiempo.
En los medios de comunicación de masas y también en redes sociales he leído que más de uno asegura que, por nacer en España, ipso facto eres español. Rauda y veloz, con la taza de café aún humeante, quise releer el BOE y, para mi alegría, por el momento no hubo tal reforma legislativa, sino que resultó ser una afirmación temeraria de una persona concreta, encajando su relato buenista en relación con las políticas de inmigración.
Asimismo, en nuestro anciano y venerado Código Civil permanece vigente el artículo 17, en el que la nacionalidad por origen solo se adquiere cuando eres hijo de español(es); en primer lugar, si, siendo hijo de extranjeros, al menos uno de los progenitores ha nacido en España, mientras que, en segundo lugar, puede obtenerse en caso de ser hijo de apátridas. En el resto de los artículos vigentes ya se hace referencia al hecho de optar a obtener la nacionalidad. Recuerdo aquellas clases de derecho civil de primero de Derecho, cuando se nos hablaba de que el ius sanguini prevalece frente al ius solii, nunca he podido estar más de acuerdo con este criterio, nos va en la sangre, nos va en los genes, y nos viene de familia.
Con la afirmación de un político del Partido Popular de que un individuo es español por el mero hecho de haber nacido en España, el bulo llega a nuestras casas. Que no les estropee el relato a la clase política que pretende omitir los preceptos que se aseguran en el Código Civil. Además de esto, bajo mi punto de vista, considero que la nacionalidad española no debe regalarse así como así, porque, para los españoles de bien, significa algo más que un mero papel: nuestro legado, el oro de nuestro sol y la sangre por nuestras venas. En definitiva, es nuestro pabellón ondeando, una historia que debería hacernos sentir orgullosos.
Nacer en España resulta bonito, pero tener la suerte de ser español no es algo rápido ni, mucho menos, algo que se deba obtener automáticamente. Para ser de nacionalidad española hay que sentir nuestro país y lo que le rodea; te lo tienen que enseñar, al igual que los valores arraigados de nuestra nación, que muchos pretenden modificar, entre ellos la historia gloriosa forjada por grandes españoles. También nuestra cultura y tradiciones, que constantemente tratan de denostar, pero que nunca jamás lo conseguirán. Ser español es un espíritu mayor que trasciende lo meramente burocrático, como el acceso a ciertos derechos, ayudas… o subvenciones.
Mientras unos tratan de acceder mediante atajos con el fin de obtener esta bicoca, otros luchan toda su vida para poder cumplimentar todos los trámites burocráticos y alcanzar el sueño español. Estos segundos acaban observando cómo la fila de la izquierda pretende lograr lo mismo de forma más rápida. Y luego están los ciudadanos inmersos en su realidad paralela, que parecen vivir en Narnia; incluso entre estos perfiles hay quienes reniegan de aquello por lo que otros luchan por obtener, a la vez que existen grupúsculos que consiguen tal privilegio a precio de saldo.
Otra de las misiones que los españoles debemos cumplir es transmitir este legado a nuestros hijos, creando estirpes de españoles y dejando bien alto el pabellón de España cuando viajemos, comportándonos de manera ejemplar. Hay que anular a toda costa la leyenda negra con la que nos ensució el infame Bartolomé de las Casas, con la ayuda inestimable de negreros y corsarios ingleses, holandeses y belgas. Limpiemos la historia pasada y reciente de España, que ya es hermosa sin necesidad de reescribirla.
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